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El slow travel: viaja diferente, viaja mejor

Anto · 8 de febrero de 2023 · 0 min de lectura

Viajero sentado en un tren contemplando un paisaje montañoso desde la ventana
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Índice
  1. Los orígenes del slow travel: la herencia del Slow Food
  2. El transporte: la elección que (de verdad) lo cambia todo
  3. Sumergirse de verdad: la anti-lista del slow traveler
  4. Apoyar la economía local, no las grandes cadenas
  5. Combatir el sobreturismo: viajar diferente, ir a otros lugares
  6. Pasos concretos para empezar tu slow travel
  7. Preguntas frecuentes
  8. ¿El slow travel es solo para personas con mucho tiempo?
  9. ¿Viajar despacio sale más caro?
  10. ¿Cómo reducir la huella de carbono de forma concreta cuando se viaja?
  11. ¿Es el slow travel compatible con un destino lejano (Asia, América del Sur…)?
  12. ¿Hace falta un seguro de viaje para una estancia slow travel?

El slow travel es viajar despacio: menos destinos, más tiempo en cada lugar, medios de transporte sostenibles e inmersión real en la vida local. Muy lejos del turismo de masas que encadena capitales en una semana, esta filosofía reduce de forma concreta tu huella medioambiental a la vez que te ofrece experiencias más ricas, más memorables y más respetuosas con los lugares que recorres.

Los orígenes del slow travel: la herencia del Slow Food

El slow travel no surge de la nada. Hereda directamente del movimiento Slow Food fundado en Italia por Carlo Petrini en 1986: una reacción contra la estandarización alimentaria, una defensa de lo local, lo de temporada, lo sabroso. En los años noventa, ese mismo espíritu se extendió al viaje con el movimiento Cittaslow, que certificaba ciudades alternativas a los grandes destinos saturados.

Viajero sentado en un tren contemplando un paisaje montañoso desde la ventana

Crédito: Image from page 417 of ’Locomotive engineering - a practical journal o por Internet Archive Book Images, CC CC0 1.0, vía Openverse.

La idea central sigue siendo la misma: sustituir la cantidad por la calidad. Mientras el turismo convencional busca “tachar” el mayor número de lugares en el menor tiempo posible, el slow travel invita a detenerse: aprender unas palabras en el idioma local, frecuentar el mismo mercado dos sábados seguidos, tomar un camino secundario en lugar de un autobús turístico.

Tampoco es una invitación a no hacer nada. El slow travel se practica senderismo, en bicicleta, en barco, en estancia lingüística o como voluntario: lo esencial es elegir la profundidad antes que la superficie.

El transporte: la elección que (de verdad) lo cambia todo

Suele ser la primera palanca, y con diferencia la más impactante. El turismo representa aproximadamente el 8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, y cerca del 70 % de esas emisiones provienen de los desplazamientos de los viajeros: el viaje de ida y vuelta al destino supone por sí solo alrededor del 60 % del total.

La comparación tren/avión ilustra la magnitud de la diferencia: volar de París a Lyon emite más de 90 kg de CO₂ por persona, frente a apenas 0,69 kg en tren. Una proporción de 1 a 130 en un solo trayecto.

El slow travel saca las consecuencias naturales de esta realidad:

  • Priorizar el tren, el autobús de larga distancia o el barco frente al avión para los destinos accesibles por otros medios.
  • Limitar el número de vuelos por viaje (un ida y vuelta en lugar de varios saltos cortos con escalas).
  • Moverse a nivel local a pie, en bicicleta o en transporte público en lugar de alquilar un coche.
  • Quedarse más tiempo en cada país para amortizar el coste de carbono del trayecto inicial.

Ningún viaje tiene huella cero. Pero cada elección de transporte cuenta, y la movilidad sostenible está en el corazón del slow travel.

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Sumergirse de verdad: la anti-lista del slow traveler

El turismo convencional se parece a veces a una lista que tachar: Coliseo ✓, góndola ✓, foto delante de la torre inclinada ✓. El slow travel propone algo distinto: dejar que el lugar actúe sobre ti, en lugar de “consumirlo”.

En la práctica, esto implica:

  • Alojarte en casas de particulares o en establecimientos independientes (casas rurales, pequeños hoteles familiares, pensiones con encanto) en lugar de cadenas estandarizadas.
  • Comer en restaurantes locales, en el mercado, con productores artesanales, y preguntar qué hay en el plato.
  • Aprender unas nociones básicas del idioma local: aunque sean rudimentarias, abren conversaciones y demuestran un respeto genuino.
  • Respetar las normas de comportamiento locales en lugares de culto, espacios naturales y barrios residenciales: infórmate antes, no después.
  • Evitar las actividades que explotan la fauna: safaris a pie o en vehículo sin contacto con los animales, buceo sin tocar los corales, rechazo de atracciones con animales cautivos o amaestrados.

La inmersión no se decreta: llega con el tiempo que le dedicas y la curiosidad que mantienes.

Apoyar la economía local, no las grandes cadenas

El slow travel tiene un impacto directo en los ingresos de las comunidades locales. Al elegir un alojamiento gestionado por un propietario local, comprar artesanía directamente al artesano o comer en un restaurante de barrio, haces circular el dinero donde se reinvertirá en la comunidad.

Por el contrario, optar por una multinacional de alojamiento o un paquete todo incluido concentra los beneficios fuera del territorio visitado. No es una cuestión de sacrificio económico: a menudo estas opciones locales son más baratas y más auténticas.

Para profundizar en esta dinámica, descubre por qué invertir en un negocio local marca de verdad la diferencia en los destinos.

Combatir el sobreturismo: viajar diferente, ir a otros lugares

Una cifra que da vértigo: el 95 % de los turistas mundiales se concentra en apenas el 5 % del planeta. Venecia, Barcelona, Dubrovnik, Bali… Estos destinos soportan una presión insostenible sobre infraestructuras, alquileres, fauna y habitantes.

El slow travel es, por su propia naturaleza, un antídoto al sobreturismo:

  • Viajar fuera de temporada: los lugares están menos concurridos, los precios son más asequibles y el contacto con los locales, más fácil.
  • Elegir destinos menos conocidos: los países vecinos esconden a menudo tesoros tan hermosos como los clásicos, sin las colas.
  • Evitar los “hotspots” de Instagram en favor de lugares que hayas descubierto por tu cuenta o que te hayan recomendado los propios locales.
  • Respetar la capacidad de acogida: si un sendero está cerrado para recuperarse, toma otro. Si una playa está masificada, vuelve al amanecer o busca otra.

A este respecto, merece la pena reflexionar sobre el papel de la influencia digital en los flujos turísticos: ¿son los influencers los peores enemigos del viaje?

Pasos concretos para empezar tu slow travel

No hace falta reinventarlo todo: unos pocos ajustes bastan para transformar radicalmente la experiencia.

Antes de salir:

  • Elige un destino accesible en tren o autobús desde casa, o reduce el viaje a un solo vuelo de largo radio en lugar de varios vuelos cortos.
  • Reserva un alojamiento local (no una cadena internacional), idealmente por un mínimo de una semana.
  • Infórmate sobre las costumbres locales, las temporadas, las especies protegidas y las zonas que conviene evitar para no dañar los ecosistemas.

Una vez allí:

  • Resiste la tentación de una agenda apretada. Deja medias jornadas libres.
  • Camina o pedalea en lugar de pedir un taxi en cada desplazamiento.
  • Compra a productores locales (mercados, cooperativas, artesanos) y evita los souvenirs fabricados al otro lado del mundo.
  • No dejes ningún residuo en la naturaleza. Incluso un corazón de manzana en un parque nacional puede alterar la fauna local.
  • No alimentes a los animales salvajes ni te salgas de los senderos señalizados en las reservas naturales.

Para la cobertura: Un slow travel más largo exige una protección más sólida. Gastos médicos en el extranjero, repatriación, asistencia en caso de emergencia: estas garantías marcan la diferencia cuando viajas lejos de los circuitos organizados. Viajar sin pensar en tu cobertura es también una forma de imprudencia, y el seguro de viaje forma parte de un viaje bien preparado.

Preguntas frecuentes

¿El slow travel es solo para personas con mucho tiempo?

No. El slow travel es una filosofía, no un mínimo de días. Incluso un fin de semana “lento” en una ciudad a dos horas de casa, sin lista de monumentos, con un mercado local y un paseo sin GPS, forma parte de este espíritu. Lo esencial es la intención: profundidad antes que velocidad.

¿Viajar despacio sale más caro?

No necesariamente. Al quedarte más tiempo en el mismo lugar, sueles alquilar por semanas (más barato que por noches), a veces cocinas y no tienes que comprar un billete de avión para cada etapa. El gasto se distribuye de otra forma: más en alojamiento local y restauración artesanal, menos en circuitos organizados y souvenirs industriales.

¿Cómo reducir la huella de carbono de forma concreta cuando se viaja?

La primera palanca es el transporte. Evitar el avión cuando existe una alternativa en tren, o elegir un único vuelo de largo radio directo en lugar de varios vuelos con escalas. Una vez en destino, priorizar la marcha a pie, la bicicleta y el transporte público. Según los datos de Carbone4, la movilidad representa aproximadamente el 70 % de las emisiones del turismo: ahí es donde el esfuerzo resulta más rentable.

¿Es el slow travel compatible con un destino lejano (Asia, América del Sur…)?

Sí, siempre que ajustes la duración de la estancia. Si tomas un vuelo de largo radio, quédate el tiempo suficiente para “amortizar” ese impacto en huella de carbono por día. Tres semanas en una región de Vietnam valen más, en términos de balance, que tres países en diez días con vuelos internos continuos.

¿Hace falta un seguro de viaje para una estancia slow travel?

Sí, más que nunca. Un viaje lento te lleva a menudo fuera de las grandes ciudades y de los circuitos turísticos habituales, donde la atención médica es más difícil de acceder. Una cobertura sanitaria, de repatriación y de asistencia 24 h/24 es indispensable, sea cual sea la duración de la estancia. Para entender cómo evoluciona el sector en este sentido, el seguro de viaje responsable también está cambiando.

Fuentes

  • El turismo representa aproximadamente el 8 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. nature.com
  • La movilidad representa alrededor del 70 % de las emisiones del turismo, según los datos de Carbone4. carbone4.com
  • El movimiento Slow Food fue fundado por Carlo Petrini en Italia en 1986 como reacción a la estandarización alimentaria. slowfood.com
  • El movimiento Cittaslow surgió en los años noventa para certificar ciudades alternativas a los grandes destinos saturados. cittaslow.org